Leucemia felina: ¿hay gatos resistentes?

 In Enfermedades infecciosas

¿Qué es la leucemia felina?

La leucemia felina es una enfermedad muy grave que puede afectar a los gatos domésticos. Está provocada por un virus, el virus de la leucemia felina o FeLV.

Aunque el virus de la leucemia felina puede infectar a cualquier gato, el riesgo de infección varía dependiendo de la edad del animal, de su estado de salud general, del entorno donde vive y de sus hábitos. Así por ejemplo, sabemos que los gatitos y gatos jóvenes son más sensibles a la infección que los gatos adultos. También presentan una mayor incidencia de infección los gatos de edad muy avanzada.

Un 8-15% de los gatos sanos son portadores del virus de la leucemia felina.

El FeLV no afecta a otros animales domésticos ni a las personas.

 

¿Cómo se transmite la leucemia felina?

La vía más importante de transmisión del FeLV es a través de la saliva de un gato infectado (se detecta 3 veces más concentración de virus en la saliva que en la sangre). Por este motivo, las principales formas de contagio del virus de la leucemia felina son a través del acicalamiento mutuo, por mordeduras o al compartir comederos o bebederos.

El virus también se puede transmitir a través de las secreciones nasales, lágrimas, heces, orina, leche, semen, fluidos vaginales y placenta.

Algunos estudios han demostrado la transmisión del virus in vitro1 a través de la picadura de la pulga.

 

¿Hay gatos resistentes al virus de la leucemia felina?

La leucemia felina es una enfermedad muy compleja. Esta complejidad se debe, en parte, a cómo responda el sistema inmunitario del gato ante la infección.

Tras el contagio, se produce una primera fase de multiplicación del virus en el tejido linfoide local (en los ganglios linfáticos próximos al punto de entrada del virus).

Algunos gatos pueden vencer la infección durante esta primera fase y curarse sin presentar nunca nigún signo de enfermedad ni transmitirla a otros gatos.

Los gatos que no han podido controlar al virus durante esta primera multiplicación, pasan a una segunda fase en la cual el virus se disemina por la sangre al resto del cuerpo, sobre todo a la médula ósea. Se produce entonces una ‘lucha’ entre el virus y el sistema inmunitario que puede durar entre 3 y 16 semanas. En este punto, la enfermedad puede evolucionar de dos formas diferentes:

  1. Si la respuesta a nivel inmunitario es eficaz, el gato queda entonces como portador asintomático. El gato queda infectado de por vida y en cualquier momento el virus se puede reactivar y desarrollarse la enfermedad. Estos gatos pueden contagiar a otros gatos.
  2. En cambio, cuando la respuesta del sistema inmunitario es ineficaz, se produce una infección persistente en la que el virus se multiplica libremente. El gato sufre entonces una forma progresiva de la enfermedad que suele terminar con la muerte del animal en menos de tres años.

 

¿Qué síntomas tiene la leucemia felina?

La infección persistente por el FeLV produce alteraciones graves en el sistema inmunitario que conducen a la aparición de un estado de inmunodeficiencia. Con sus defensas comprometidas, el gato queda expuesto a otras enfermedades e infecciones que un gato sano sería capaz de controlar. También se describen un número importante de procesos neoplásicos (tumores) asociados a la infección por el FeLV.

Los signos clínicos de la leucemia felina son muy inespecíficos y comunes a los que observamos en otros procesos infecciosos: fiebre, apatía, falta de apetito, adelgazamiento, inflamación de los ganglios linfáticos, anemia, pelaje en mal estado. Los animales pueden presentar infecciones concurrentes en las vías respiratorias, sistema gastrointestinal, piel, etc. La respuesta al tratamiento de estas infecciones secundarias suele ser más lenta que en los animales negativos para el FeLV.

Aproximadamente un 15% de los gatos infectados acaba desarrollando algún tipo de neoplasia. Las más frecuentes son las que afectan a la médula ósea (leucemia), intestinos, riñones y ganglios linfáticos.

 

¿Cómo se diagnostica la leucemia felina?

Para el diagnóstico de la enfermedad nos basamos en los síntomas clínicos y la exploración del animal. Además, realizamos pruebas para detectar anormalidades en las células de la sangre (glóbulos rojos y glóbulos blancos).

También hacemos análisis que nos permiten comprobar la presencia del virus en la sangre del gato. En algunos casos podemos recomendar realizar un segundo análisis para confirmar o descartar la infección. Esto es especialmente importante en:

  • gatos sanos pero que han dado positivo en un primer análisis.
  • gatos enfermos, con signos clínicos compatibles con leucemia felina, pero que han dado negativo en un primer análisis.

 

¿Cómo puedo proteger a mi gato de la leucemia felina?

  • La mejor forma de proteger a un gato del contagio por el virus de la leucemia felina es vacunándolo.
  • Siempre que sea posible, los gatos positivos al FeLV deberían ser aislados de los gatos sanos, incluso si estos están vacunados.
  • Si vas a adoptar un gato nuevo, hazle la prueba del FeLV antes de que contacte con los otros gatos de tu hogar. Si el resultado de la prueba es negativo (ausencia del virus en la sangre), es posible que te recomendemos hacer un segundo análisis 12-16 semanas más tarde.

 

Si no voy a vacunar a mi gato de la leucemia felina, ¿tengo que hacerle la prueba?

Debido a la gravedad y complejidad de la enfermedad, te recomendamos que realices una prueba para descartar la presencia del FeLV, independientemente de si después vas a vacunar o no a tu gato.

Los expertos en leucemia felina aconsejan que se realice una prueba para la detección del FeLV a:

  • gatos y gatitos nuevos.
  • gatos con acceso al exterior.
  • gatos que conviven con gatos positivos al FeLV.
  • gatos que presentan signos de peleas o mordeduras.
  • gatos que van a ser vacunados por primera vez de la leucemia felina.
  • gatos con signos clínicos compatibles con la leucemia felina.

 

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